Por Martín Kalenberg
Formado académicamente en Uruguay y con una vasta participación en organismos internacionales tales como las Naciones Unidas, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, así como haber sido consultor de la Cámara de Senadores del Parlamento mexicano, el economista Benito Roitman, de 73 años de edad, decidió en 2003 emigrar a Israel. Columnista de Economía de la versión impresa y digital de la publicación israelí en español, Aurora, Roitman se ocupa «básicamente sobre temas económicos» aunque ello no excluye, «por el contrario, diría que obliga, el emitir opiniones sobre lo que afecta a la sociedad, más allá de la economía».
A continuación un resumen de la entrevista que Roitman mantuvo con el portal web del CCIU:
– ¿Cuándo se radicó en Israel? ¿Por qué?
– Estoy radicado en Israel desde mediados del año 2003. Gran parte de mi familia (hija, nietos, hermana, sobrinos, primos) vive en Israel desde hace años. Nacido y educado en Uruguay donde tuve la suerte de pasar por todo su sistema público educativo (primaria, secundaria y universitaria), me crié en una familia judía tradicional y con firmes convicciones sionistas, y mi adolescencia se desarrolló alrededor de los movimientos juveniles (Hanoar Hatzioní). De joven tomé parte en las actividades nacionales como estudiante universitario y como profesional, y participé en la creación del CIDE (núcleo de la actual Oficina de Planeamiento y Presupuesto), como uno de sus primeros funcionarios.
La mayor parte de mi actividad como economista se ha desarrollado dentro de varios de los organismos especializados de las Naciones Unidas, básicamente como asesor y director de proyectos en la región latinoamericana. Estando ya por culminar mi carrera, mi esposa y yo decidimos que sería bueno convivir con y cerca de los nuestros; e Israel siempre ha estado muy cerca de nosotros. Esto y nuestra historia familiar explica el por qué de nuestra radicación en Israel, así como también nuestros frecuentes reencuentros con Uruguay y México.
– Siendo que usted es columnista de un medio de prensa, ¿qué siente y piensa cuando se compara las políticas del gobierno israelí con las del nazismo?
– Como columnista en un medio de prensa (el semanario Aurora en español que se publica en Israel), escribo regularmente en él, básicamente sobre temas económicos, aunque ello no excluye –por el contrario, diría que obliga- el emitir opiniones sobre lo que afecta a la sociedad, más allá de la economía. Por ello, creo necesario hacer algunas puntualizaciones. Obviamente las políticas del gobierno de Israel no son las del gobierno de la Alemania nazi, ni es defendible cualquier empeño por establecer ese tipo de comparaciones. Pero tampoco creo que esa comparación esté demasiado extendida ni que constituya la tónica de los argumentos a favor o en contra de las políticas del gobierno israelí, al menos por parte de los medios de comunicación más serios de la mayor parte de los países.
– En Israel, ¿deberíamos hablar de gasto o de inversión en asuntos de defensa?
– En mi opinión, al preguntarse cómo calificar al conjunto de los recursos destinados a la seguridad –si corresponde verlos como gasto o como inversión- se corre el riesgo, sobre todo para el caso de Israel, de recoger respuestas que podrían verse como tomas de posición ideológicas, salvo si se trata de una pregunta de carácter técnico, en cuyo caso la respuesta es relativamente sencilla: los recursos asignados a las actividades militares, como todos los recursos presupuestales, se han de clasificar en gastos corrientes (sueldos, compras de insumos, entre otros) y gastos de inversión (equipos de larga duración, como equipos de transportes, edificios y construcciones en general, entre otros).
Pero más allá de estos aspectos técnicos vale la pena recordar que en el caso de la educación, por ejemplo, todos los recursos destinados a ella son considerados –aunque más no sea metafóricamente- como una inversión para el futuro, en vista de la inmensa importancia que la educación tiene para la construcción de una sociedad. ¿Podría aplicarse el mismo criterio a los recursos destinados a la seguridad? Y a partir de las respuestas a esta pregunta, es que comienzan a delinearse diferentes posturas ideológicas.
– ¿Cuánto porcentaje del Producto Bruto Interno (PBI) se le debe dedicar a la defensa militar del país? ¿Y cuánto a los proyectos sociales?
– Desde un punto de vista cualitativo (y no puede ser de otra manera, cuando se trata de un planteamiento genérico), a la defensa militar del país –de todo país- se le debe dedicar un porcentaje compatible con las necesidades de seguridad de su población, decidido a través de -y por- las instancias democráticas correspondientes.
En cuanto a los proyectos sociales –aunque prefiero utilizar el término de políticas de equidad, que creo que es al mismo tiempo más amplio y más directo – no pueden expresarse sólo como un porcentaje del PBI ni compararse con los recursos asignados a la seguridad sino que dependen del conjunto de la política de desarrollo del país y de su orientación, así como del énfasis que se ponga en alcanzar y mantener la equidad social para todos los habitantes, en un contexto de crecimiento de largo plazo.
– A grandes rasgos, ¿cómo influye un estado de guerra permanente en la economía de un país pequeño como Israel?
– No estoy seguro de que la expresión “estado de guerra permanente” describa con precisión la situación en que se encuentra Israel. Creo que se trata más bien de un estado de alta tensión, con conflictos bélicos intermitentes; la diferencia es importante y en alguna medida ayuda a adelantar la respuesta.
Como es sabido, el crecimiento económico de Israel puede dividirse a grandes rasgos en dos fases: el período que va desde la creación del Estado hasta comienzos de los años ´70, durante el cual el crecimiento del PBI por habitante creció anualmente en promedio a poco más del 5%, y el período que va desde 1973-1974 hasta el presente, con un crecimiento promedio anual del PBI por habitante inferior al 2%. En ambos períodos hubo conflictos bélicos y en ambos períodos la inmigración tuvo un papel muy importante en el crecimiento demográfico del país. Resulta claro entonces que son muchos los factores que influyen en el ritmo de crecimiento de la economía israelí.
Dicho ésto no cabe duda que alcanzar una situación de paz en la región y con los vecinos inmediatos no puede sino influir muy positivamente en las perspectivas de largo plazo, lo cual debería ser motivo de profunda reflexión para aquellos que creen que el mantenimiento del “status quo” no sólo es posible sino que hasta deseable.
– El movimiento kibutziano ya tiene más de 100 años. ¿Es viable en el siglo XXI?
– El movimiento kibutziano y, sobre todo el conjunto de ideas que lo inspiraron y que se fueron desarrollando y poniendo a prueba a lo largo del tiempo, parecerían ser una anomalía en el panorama actual de Israel donde predomina desde hace ya bastante tiempo un modelo de funcionamiento económico-social mucho más afín al capitalismo individualista que caracteriza en general a las sociedades occidentales.
Pese a ello, el movimiento kibutziano persiste, y la evolución y transformaciones que ha ido sufriendo (actualmente sólo el 20% de los 256 kibutzim que existen son plenamente “colectivos”) pueden visualizarse como señales de continuidad más que como síntomas de una creciente debilidad.
Ciertamente, el conjunto de los miembros de los kibutzim constituye menos del 2% de la población de Israel; pero en su momento, en vísperas de la fundación del Estado, no superaba al 8% de una población significativamente menor. Es también un hecho que el elemento de trabajo agrícola, que en sus tiempos formó parte de su ideal, hace tiempo que ha sido relegado a un lejano segundo plano.
Pero aún con su carácter de movimiento minoritario –que es preciso reconocer que siempre lo fue- su permanencia puede y debe ser testimonio de la existencia de alternativas al actual pensamiento económico-social y a su tendencia a presentarse como hegemónico. Y las comunas urbanas que están constituyéndose en el país podrían ser una manifestación de ello.